lunes, 7 de marzo de 2011

PAPEL LERIA III


Y sigo con la historia, tras la I y la II. Esta vez la III parte.
Con la música de Medelia y un dibujo de Silvia Herranz




-¡Corre!
Mi hermana gritaba con fuerza mientras seguía los pasos que yo iba dejando en la tierra mojada.
Escuchaba el viento golpear las hojas, sentía las ramas clavarse a cada paso entre mis piernas, y aún y todo seguía teniendo energía para avanzar entre los árboles y no detenerme.
-Cuando lleguemos al abrevadero tu vete hacia la casa de la montaña, yo iré hacia la derecha. - Escuchaba que me decía su voz por detrás.
-No quiero que nos separemos - le grité
-Es lo mejor, ¡No pares!. Juan estará en el embarcadero. Si no aparezco en media hora vete para allí.
Llegamos al abrevadero y me detuve a coger aire mientras clavaba mis ojos en los de mi hermana mayor.
-Valentina- me dijo con cariño - Ahora corre lo más sigilosamente que puedas y recuerda lo que mamá nos enseñó, eso nos salvaré. Sueña con ello.
Se acercó a mi mejilla y noté un susurro en mi oído.
-¡Vete! - me dijo separándose y corriendo en dirección contraria.
Desapareció entre los árboles y esa fue la última vez que la vi.

La papelería se quedó en silencio y todos le miraban expectantes.
-Juan - le dijo a su hermano - Ahora te toca a tí.

Él se apoyó en el mostrador y agarró la mano ya arrugada de su hermana mientras empezaba a hablar:

-Yo esperaba en el embarcadero escondido - empezó a decir - Ponía a punto la lancha y espera observando cada movimiento extraño que podía producirse.
Había dejado la casa por orden de mi padre, que me había dicho que mi labor era que pudiéramos escapar. Nuestra madre me dio un saco con comida y ropa de abrigo y noté en sus ojos que se despedía de mí. Me acompañó a la puerta de atrás apresurada y me dijo algo que se repitió tantas veces en mi mente que terminó por quedar grabado:
Mitsi dumbe abiamba bella, azgamu heyo guantu semba. Hazlo tuyo hijo, y sobrevivid. ¡Ahora corre!

El silencio volvió a invadir la tienda y tan sólo se oyó el sonido de la campanilla de la entrada golpeada por el viento.

-Ni siquiera es seguro estar aquí - continuó Valentina - Se que tenéis muchas preguntas pero no es el momento. Ahora cada uno tiene que recordar su labor. Cerrad los ojos y repetid conmigo lentamente, vuestra mente os lo irá revelando:

Mitsi dumba, abianda bella...


martes, 22 de febrero de 2011

II VELADA ENTRE ARTES

Esta vez, en vez de subir un relato, os dejo el cartel de una noche mágica que he preparado con unas amigas.
Todo empezó el junio del año pasado con una idea de mezclar artes es una casa, y acabó plasmándose en octubre, cuando celebramos la primera Velada.
En el cartel tenéis toda la información:
Se celebrará en dos días, el 1 y el 3 de marzo, para que podáis elegir fechas, y tiene un gran repertorio de actuaciones, entre las cuales se servirá un pequeño cocktail y unos vinitos franceses. Y además esta va a ser benéfica, y lo que recaudemos con la entrada será para la asociación Refugiados en el Desierto, en el Sahara!

Las entradas se pueden comprar en entradas.com
http://www.entradas.com/entradas/evento.do?idEvento=204999&entidad=1

Os espero a todos!

jueves, 3 de febrero de 2011

Dices...

Esto surgió mientras veía este video que me pasaron. La imaginé sola, en esa casa vacía, y mezclando frases que canta salió esto. Y por supuesto, un precioso dibujo de Alya Mark



Ahora mismo llevo un vestido negro y unas gafas de mi abuela. Me paseo dado tumbos por la casa, mientras recuerdo como me decías que escuchaba lo que quería...

No es justo, ¿sabes?, como puedes criticarme cuando no sabes que pasa por mi cabeza, si alguien ha respondido a mis propuestas en la galería, si me ha salpicado un coche esta mañana o me he torcido el pie. Tú ya no vives aquí, no sabes que me susurran al oído estas paredes…

Tú decías que era una chica ingenua pero yo sabía que era fuerte, por eso pensé que podía irme. Pero sin embargo te echo de menos. ¿Me oyes? Recuerdo cuando me acariciabas por la mañana antes de irte, cuando me traías el desayuno a la cama, cuando sonreías mientras paseábamos riéndote de mis ocurrencias…

Ahora se que tenías miedo, ahora se que el pavor te recorría por dentro y fue más fácil hacer la maleta cuado te dije que quería irme. Me miraste aliviado, sabiendo que te había hecho un favor.

Me dejaste plantada en el inmenso apartamento, con Mika buscando tu olor mientras se arrascaba con una mecedora de hierro antigua. Y muchas veces nos sentamos las dos en los grandes ventanales para ver la gente pasar.
Los muebles han ido desapareciendo porque el alquiler era demasiado para mí, pero no quería dejar esta casa, ese barrio callejero, estos vecinos extraños.
Y ahora sólo tengo un colchón en el suelo y mis proyectos sobre la mesa. Hace sol afuera y yo me siento feliz, porque te echo de menos y se que existí mientras te quería y que algo permanece.

Me dijiste quédate, pero se que era por decir algo. Mientras tanto metías los jerseys en una bolsa y me mirabas con tristeza. Torciste la esquina sin mirar atrás y yo vi como se escondía la luz del exterior y me prometía nuevos proyectos.

Nuestros amigos me han dicho que sigues por ahí, y a veces te he visto doblar alguna esquina. Pero no quiero cruzarte, quiero seguir pensando que eres el caballero de la gabardina azul que poblaba mi mente mientras paseábamos bajo la lluvia. Quiero seguir pensando que no pasa nada porque cada mañana me levante y tenga un pequeño dolor en el pecho que me recuerde que estoy viva. Quiero seguir pensando que no pasa nada porque sea feliz.


lunes, 31 de enero de 2011

Sobre cómo enterarte de la vida de una persona escuchando sus conversaciones en un trayecto


Todo empezó una tarde-noche cogiendo un tren en Barcelona. Escuché la primera conversación que narro de una chica hablando por su móvil, lo demás... me lo imaginé.
Ilustrado con una foto de Dani, y ya que seguimos con Barcelona, acompañado por una canción de Love of Lesbian (adoro sus videoclips)




- ¿Sí? Dime Jamal. No, ya he salido de prisión. Estoy volviendo a casa.Mañana tengo visitas... Sí, pásate antes de las cinco. Te dejo, viene el tren... ¡Hasta mañana!


- ¡Hola! ¿Juan? Tenemos dos casos nuevos y hay que archivarlo todo. Uno está en la enfermería. Deja el informe encima de la mesa... Sí, mañana lo veré.



- ¿Lisa? Soy yo. ¿Qué tal todo? ¿Los niños? ¿Rita duerme...? Perfecto, llego en cuarenta y cinco minutos. ¡Hasta ahora!

- Richard, estarás trabajando... Te dejo este mensaje porque mañana te toca a los niños pero Julio está malo y Rita quiere ir a ver a su prima. A las doce estará en casa mi madre, por si quieres pasarte a esa hora. Me dices algo cuando salgas.

- ¿Tomás? Dime cariño... ¿Qué? ¿Y mamá? Dile que se ponga. No, dile que se ponga. Vale, vale... Si el cabrón de José está gritando, vete a tu cuarto, ¿vale? Cierra la puerta y ponte la música. No te preocupes, mamá estará bien, voy para allí.

(Mierda, mamá. ¡Coge el teléfono!)

- ¿Mamá? ¿Dónde está mi madre? Dile que se ponga. Me da igual lo que me digas, José. Dile que se ponga. Joder, no me hagas hablar mal, pásale el teléfono. ¿Mamá? Voy para allá, ¿me oyes? He hablado con Julio... ¿Cómo que no? Sí, la tele, pero ¿te crees que soy tonta? Estoy en diez minutos... Como te toque se entera.

- Lisa, lo siento, tengo que pasar por casa de mi madre. Llegaré un poco más tarde, acuesta a Luis. Gracias.

- Yago, escucha. Dejamos lo de esta noche para otro día, ¿vale? Sí, a mí también me apetece mucho pero no puedo ir, tengo un problema familiar. Resérvame otra cena.

- ¿ Policía? Sólo quería avisarles que voy para la calle Quiñones número 14, puede que haya enfrentamientos... Páseme con el agente Gredos, por favor.

jueves, 20 de enero de 2011

PAPEL LERIA II

Para que los que os quedásteis con ganas de saber más sobre esta entrada, aquí viene otra parte, que aunque se titula como II, realmente puede ser la I, o la V, o quién sabe... Ambientada con la música de Hindi Zahra



Había algo que no encajaba. Las llamadas demasiado intermitentes, los vacíos tras las conversaciones, las palabras susurradas... Mi hija me quería decir algo y no la entendía. Pero teníamos un código. Ante cualquier cosa extraña, huir. Así que tras meter algunas cosas imprescindibles en una maleta, nos embutimos en los abrigos y con los niños a cuestas dejamos la casa atrás. Un coche doblaba la esquina mientras giramos tras los contenedores y escondidos en el jardín del vecino vimos como destruían nuestra casa.
Apoyé mi frente contra la de mi nieta mayor, que tan sólo tenía 4 años, e intenté que me escuchara atentamente:
-Tu hermana es todavía pequeña Margo, eres tu la que deberá cuidar de ella, pero sin que se de cuenta. A llegado el momento de separarnos.
Ella asintió. Lo sabía desde siempre.
Corrimos entre la maleza hasta una casa deshabitada donde guardaba las llaves de un coche antiguo escondido en una calle solitaria. Arranqué aquel trasto a duras penas y conduje con mis nietas dormidas en el asiento de atrás. Mi hermano me esperaba en su casa, donde mi hijo mayor se paseaba nervioso.
-Han matado a Clara - me dijo nada más llegar - ¿Y las niñas?
-Estaban conmigo, tu hermana me las dejó mientras iba a terminar una misión.
-¿Tomas estaba con ella?
-Si - dije inclinando la cabeza.
-Entonces...
-Si...
Y miramos a las niñas sintiendo como sus lazos parentales se separaban con fuerza de sus cuerpos.

Pasamos la noche inquietos, sin poder dormir. No poder derramar una lágrima por la vida de mi hija y su marido me desgarraba por dentro. Me paseaba pensando en nuestra misión, enfocando un futuro donde no tuviéramos que vivir con miedo, pero eso no existía, no por el momento.

Mi hermano agarró mi mano mientras me perdía en el movimiento de los árboles tras los cristales y me susurró que teníamos que dejarlo por el momento.
-No tendría sentido que muriéramos todos.
-Lo se
-Tenemos que recurrir a lo que nos enseñó nuestra madre
Le miré temerosa
-No se si sabré hacerlo
-Tenemos que hacerlo - balbucee
Me acerqué a mis nietas, acurrucadas entre ellas en el sofá y las desperté suavemente
-Tomad niñas, os quiero dar una cosa para que lo guardéis siempre -y deposité en sus manos un anillo igual para cada una.
Ellas me sonrieron emocionadas.
-Será lo único que conserven - dije a Philiph suspirando
-Es mejor así.
Y apoyé mi mano sobre sus frentes mientras empezaba a recitar frases inteligibles

(Continuará...)

lunes, 17 de enero de 2011

Linda (again)

Retomando uno de los relatos que colgué en el blog en agosto, aquí os dejo una nueva forma de transmitirlo, con la música de fondo de Medelia, como no ;)

jueves, 13 de enero de 2011

Drive... but ¿where?

Rescaté esta canción del olvido, y salió esto, decorado con una foto de Almudena del Pozo




Pensé que la niebla se había esfumado, pero cuando cogimos el coche todavía se aferraba al parabrisas. Siempre me había fascinado la manera en que la luz va apareciendo por el horizonte mientras dejamos atrás las largas horas de la noche, y ese día lo fui descubriendo minuto a minuto, segundo a segundo, mientras tiritaba de frio acurrucada todavía con el abrigo puesto y miraba al asiento de mi izquierda con admiración.
Él conducía tranquilo, con entereza, apenas sin respirar, mientras la radio daba las noticias y nos manteníamos en silencio. En el asiento de atrás dormía Sofía, envuelta en su abrigo, con un muñeco que sobresalía pegado a su mejilla.

Miré por la ventanilla y observé las sombras de las montañas a lo lejos. Fronteras que traspasar. No sabía sus nombres, no conocía su olor, pero teníamos que atravesarlas y correr lo más rápido posible.

Nos conocíamos desde siempre y Sofía debería haber sido suya. Pero el destino no lo quiso así y mi pequeña de rizos marrones tenía varios rasgos de nuestra pesadilla. No lograba entender como cambian las personas, pero tampoco había querido intentarlo ya. Lo que más me importaba eran unas frases pronunciadas en un cobertizo que volvían a míos oídos desde la lejanía del pasado, repitiendo una canción de un casete: "Sea lo que sea que el mañana suceda, estaré allí". El tiempo volaba sin preocupaciones mientras me miraba a los ojos y me repetía el estribillo.
Por eso miré a mi izquierda, agarré la mano que sujetaba el volante con fuerza y me acurruqué junto a él. Porque ese mañana había llegado y él estaba allí.